¿Para qué fingimos orgasmos?

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Fingir orgasmos es un arte milenario. Siempre ha existido y pocas son las mujeres que no han recurrido nunca a esta técnica. Por no decir ninguna. Fingir orgasmos es un arte al que recurrimos básicamente por tres motivos. El primero es para no hundir a nuestro amante. Todas sabemos que el ego de un hombre va estrechamente relacionado con la capacidad que crea tener para dar placer a una mujer, y como eso tampoco es que sea muy frecuente, las mujeres preferimos fingir y resolver el tema de un plumazo. Preferimos decir que ha sido un polvo alucinante, a decirles que ha estado entretenido pero que de llegar al orgasmo, nada de nada. Sabemos que eso les hundiría. ¿Benevolencia?.

El segundo motivo es para no cargar con la etiqueta de frígida. Por lo general, a las mujeres nos cuesta más tener un orgasmo, necesitamos más estimulación, más entrega, más dedicación. Y muchas veces el orgasmo se acerca más a lo emocional que a lo puramente físico. Sabemos que éste punto depende de nosotras, pero nos cuesta mucho expresarlo porque intuimos que es bien posible que el amante acabe pensando que no le gustamos o que no lo hace bien. Cuestión que sin duda se acerca mucho al primer punto pero en esta ocasión tiene que ver con nuestra capacidad de entrega y disfrute.

El tercer motivo es para poner fin a la relación sexual, ya sea por aburrimiento o porque el chico ha decidido demostrar, dios sabe a quién, su potencia sexual a través de un mete-saca peliculero que acabaría con la excitación de cualquiera. Por eso fingimos el orgasmo, cuando ya no podemos más, para que aumente su excitación y se corra de una vez por todas. Lamentablemente, ninguno de estos tres motivos nos ayuda en absoluto a tener relaciones sexuales cada vez más satisfactorias, así que chicos, entregaros más, descubrir y preguntar a vuestra amante qué es lo que le pone, qué lo que le hace volverse loca y dejar de pensar que nuestro orgasmo depende de una penetración potente. Y chicas, estaría bien que nosotras dejásemos de mentir, que dijéramos qué nos excita y cómo debe de hacerse. Somos más complejas, de eso no hay duda, así que pongámoslo fácil, que aunque sería fabuloso, los hombres no tienen una bola de cristal adivinatoria. ¿Comunicación positiva?. Sí.

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